lunes, 19 de enero de 2009

FM 104.5 - SAN RAFAEL MENDOZA

19-01-09
Las treinta y seis casas que marcaron el desarrollo del oeste de la ciudad
La operatoria de vivienda nació por pedido de viajantes y comerciantes. Por varios años, la calle Newbery fue el centro de reunión de los vecinos.

"No hay un día que no se pare alguna persona a preguntar si por este barrio no se vende una casa porque es muy lindo y tranquilo", cuenta Haydeé de Martini, vecina de la calle Chile del Consorcio Santa Fe, ubicado al oeste de la ciudad de San Rafael. El barrio se encuentra entre las calles Bernardino Izuel, Chile, avenida Espejo y Coronel Day, consta de 36 viviendas distribuidas en dos manzanas separadas por la calle Jorge Newbery. Si bien no es un barrio de grandes extensiones lleva en la mochila de sus historias el ser uno de los primeros que se construyó hacia esa zona y que marcó el desarrollo urbano de la ciudad. "Durante muchos años alrededor sólo habían viñas y olivos", coinciden Haydeé y dos vecinas de la calle Day, Amanda Meineri y Soledad Talío. Es que cuando comenzó a construirse el barrio en un loteo que se realizó en parte de lo que era la finca La Abeja, el lugar era prácticamente la última construcción separada de la ciudad a la que le seguían fincas. "Cuando me iba a cambiar, mis vecinas de la calle Lugones donde vivía entonces me decían '¡allá te vas a ir!', como que uno se iba al fin del mundo, comenta entre risas Haydeé. Y cuando "nos cambiamos nos sentíamos como conejillos de India, pasaba la gente y nos miraba como diciendo mirá a dónde los trajeron a vivir", agrega. Similares recuerdos atesora Soledad: "Mis cuatro hijos eran chicos -el mayor tenía 10 años y el menor 6 meses- y cuando veníamos a ver el barrio me decían que por qué nos íbamos a vivir al campo. Y así estuvimos bastante tiempo, solos, hasta que empezaron a construir el barrio de enfrente y de repente, en los '90 más o menos se nos vino la ciudad para este lado". "De esto hace ya 33 años", rememoran. En setiembre de 1975 se entregó la primera manzana y casi dos meses después le tocó el turno al resto. El barrio nació como una necesidad de vivienda destinada a viajantes de comercio o comerciantes, pero más tarde, se hicieron algunas vacantes e ingresaron algunas familias que no tenían nada que ver con ese rubro, como son los casos de Soledad y Amanda, hoy docentes jubiladas. En la charla surgen nombres de aquellos vecinos que todos recuerdan ya sea porque fueron los promotores del barrio o por el simple hecho de ser excelentes vecinos. "Por suerte siempre tuvimos muy buenos vecinos con los que uno contó en todo momento sin entrometerse uno en la casa del otro", relatan las mujeres. Entre los nombres que van surgiendo están los de Arturo González, la familia Rojo, Jorge Dieguez, Pepe Díaz, Oscar Álvarez, Popi Larregle, el Gringo Artigas, Quico Ochoa, Augusto Bruciapaglia entre tantos. No quieren dejar a nadie afuera y se suman los apellidos de otras familias como Barrionuevo, Gorri, Mexandeau, Vilches, Riquero, Gijón, Salcedo, Buxó, Carenini, Cebrián, Cabaña, Castro, Kenny o Muñoz. Para los chicos el vivir junto a la finca -hoy lateral Oeste de calle Espejo- era como tener una gran plaza y con el aditamento que hacía cada aventura más divertida: el cuidador que desde lejos les gritaba para que no cruzaran el alambrado. "Era una época en que era difícil entrar a formar parte de un barrio. Nosotros a pesar de ser siete personas ya que vivía con nosotros mi mamá siempre quedábamos fuera de los sorteos. Por eso acceder a este fue un golpe de suerte", contó Soledad. Para Amanda resultó un salto de vivir en el distrito de La Llave a venirse a la ciudad, y el modo de acceder fue al renunciar uno de los inscriptos se le dio la oportunidad "y yo justo tenía el dinero para el terreno porque había vendido mi autito. En realidad era para cambiarlo por otro porque trabajaba en escuelas alejadas, pero me metí en el barrio", dice. Así, cada uno fue viendo su sueño hecho realidad y una vez que les entregaron las casas comenzaron a pagar las cuotas al banco, ya que previamente sólo se había abonado el terreno. "Nos lo entregaron completo, con asfalto, todo", afirma Amanda quien lamenta la "mala elección de los árboles que hicimos ya que pusimos olmos bola que además de tener hojas y hojitas todo el año se enferman", dijo. "El asfalto lo hizo la Municipalidad, con acequias y todo como devolución de la parte de los terrenos que nos quitaron para que la calle del medio (Newbery) fuera del tamaño normal, ya que estaba pensada como un pasaje y por lo tanto más angosto", recuerdan. Nada es motivo de quejas para estas señoras que tienen un especial aprecio para cada uno de sus vecinos. Pero piensan que hay cosas que podrían mejorar, como es el caso de la iluminación, "hay pocas columnas por cuadra, eso sumado a los árboles hace que casi no haya luz en las calles". Por lo demás creen que continúa siendo tranquilo a pesar de estar a una cuadra del parque y de la avenida Hipólito Yrigoyen, donde desde hace un tiempo se desarrolla toda la vida nocturna de la ciudad, con restaurantes, bares y boliches.
Fiestas comunitarias
Al recuerdo de los vecinos -algunos ya no están, otros se mudaron- se suman los momentos que todos guardan como invaluables. "Cada fin de año nos juntábamos a comer todos. Poníamos largas mesas en la calle, por lo general en la del medio (Newbery) pero también se hicieron en la Day", manifestó Soledad quien a la vez le cuenta a su nieto de 9 años parado a su lado. "Un año, uno de los chicos de Ochoa estaba enfermo y para que ellos también estuvieran en la fiesta nos trasladamos a la puerta de su casa, y pudimos celebrar como siempre", evoca Haydee. Incluso sus hijos que eran pequeños recuerdan esas veladas donde había guitarreada, se contaban chistes y cuentos, y los chicos corrían jugando a la escondida. "Llegaba Papá Noel y repartía los regalos que se compraban con dinero que poníamos cada una de las familias. Una vez era un vecino, otra vez otro". Y agregan: "Habían muchos niños y de variadas edades así que se buscaba generalizar los regalos en pelotas o muñecas". De esos gratos momentos, "que de a poco y no sé sabe por qué se fueron diluyendo hasta perderse" afirman, saltan las sonrisas al hacer memoria y tener presente a Silvia Salcedo que hacía las veces de animadora de la fiesta, los chivos que asaba don Riquero, o cuando se disfrazaron Rojo o Barrionuevo para mantener encendida la ilusión de los más chiquitos. Ahora ya no hay tantos niños, "sólo los nietos casi", aunque hay algunos matrimonios jóvenes, pero ya no se repitieron las veladas de fin de año ni la llegada de Papá Noel. "Es parte de los lindos recuerdos del barrio. Muchos me dicen que me vaya a vivir a un departamento, algo más chico, pero yo tengo mis vecinos de toda la vida acá", destaca Haydee.
Fuente: http://www.losandes.com.ar/notas/2009/1/19/departamentales-403886.asp

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